Abraham Chahuán no le teme al sacrificio. Lleva treinta años internándose en campamentos mineros ubicados casi siempre a miles de metros sobre el nivel del mar.
Ni siquiera ahora que es presidente de Antamina ha dejado de hacerlo, y todas las semanas viaja nueve horas en bus para llegar a San Marcos, en Áncash –a 4,300 msnm–, y supervisar el trabajo de la mina in situ a lo largo de una semana. Continuar leyendo